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El síntoma – Serie Comunicación – Cap. 1

COMUNICAR ES REGALAR

Por qué el problema nunca fue la técnica

Capítulo 1 de 8

El síntoma

Por qué “acá hay un problema de comunicación” casi nunca habla de comunicación.

 

Hay una frase que se repite en todas las oficinas del mundo, y es probablemente la más cómoda que existe: “aquí tenemos un problema de comunicación”.

Suena a diagnóstico. En realidad es una coartada.

Es cómoda porque no acusa a nadie. Nadie tiene un problema de comunicación de la misma forma en que nadie tiene la culpa del clima. Llueve. Hace frío. “Nos comunicamos mal.” Es una condición atmosférica de la que todos somos víctimas y de la que nadie es autor. Y mientras la sigamos nombrando así, no la vamos a resolver nunca, porque estamos tratando la fiebre y dejando intacta la infección.

Porque eso es la comunicación: un síntoma. La superficie donde se asoma la salud —o la enfermedad— de un vínculo.

Prueba traducir la frase la próxima vez que la escuches. “Tenemos un problema de comunicación” casi nunca significa lo que dice. Significa “no confío en lo que me dices”. O “tus palabras no coinciden con tus actos”. O “siento que me ocultas algo”. O, la más honesta de todas, “no me siento visto”. Ninguna de esas cosas se arregla con una reunión más, un mejor PowerPoint o un taller de oratoria. Esas cosas se arreglan —si se arreglan— mucho más abajo.

Y sin embargo, ¿qué hacemos cuando aparece el síntoma? Lo neutralizamos. Más canales. Más reuniones. Un curso de “comunicación efectiva”. Contratamos a alguien para que nos enseñe a hablar mejor, como si el problema fuera la forma. Es darle un analgésico al dolor: la molestia baja un rato, todos quedan tranquilos de que “se hizo algo”, y la enfermedad sigue creciendo por debajo, en silencio.

Aquí viene lo que va a recorrer toda esta serie, y conviene decirlo de frente.

Si la comunicación es un síntoma, entonces no es algo que nos pasa. Es algo que hacemos. La calidad de comunicación de tu equipo, de tu empresa, de tu casa, no la trajo el viento: la construiste tú, palabra por palabra, silencio por silencio, promesa cumplida y promesa olvidada. No eres un espectador de la mala comunicación que te rodea. Eres uno de sus autores.

Y esa es, también, la mejor noticia. Porque lo que construimos nosotros, lo podemos cambiar nosotros. La salida no está en una técnica que viene de afuera. Está en una decisión que se toma adentro.

En los próximos capítulos vamos a desarmar, una por una, las herramientas que pensamos nos ayudarían a  “comunicar mejor” y que muchas veces empeoran las cosas. Pero antes que nada quería dejarte esta primera idea, porque sin ella el resto no sirve:

El problema nunca fue cómo hablas. El problema es qué tan cierto es lo que tienes para decir, y para quién.

 

Laura Puñales

Responsable de Desarrollo y Transformación de Empresas

Directora CESA MS

www.cesams.com

 

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