De víctimas a jueces del mismo prejuicio
Los millennials, tan castigados ayer, repiten hoy la historia con la generación que sigue.
Serie “El futuro del trabajo y las nuevas generaciones” — Artículo 3 de 4
Hagamos memoria. A los millennials se les dijo de todo: que eran vagos, malcriados, frágiles, que vivían ofendidos, que no aguantaban nada, que “mataban” industrias enteras, que querían todo ya y sin esfuerzo, que cambiaban de trabajo como de camiseta, que no sabían lo que era sacrificarse. Fueron, durante años, la generación-problema por excelencia.
Pasó el tiempo. Esos mismos millennials hoy llegaron a los cargos de conducción. Y si prestamos atención a lo que dicen sobre los que vienen detrás —los centennials, la generación Z— vamos a escuchar, casi palabra por palabra, exactamente lo mismo que les dijeron a ellos: no quieren trabajar, no tienen resiliencia, se ofenden por todo, renuncian al primer malestar.
La generación que más sufrió el prejuicio se convirtió, sin darse cuenta, en la que lo administra.
Un patrón más viejo que cualquier generación
Lo primero que conviene entender es que esto no empezó con los millennials. Es un guion que se repite hace siglos. Los que ya estaban adentro siempre miraron a los que recién llegaban con la misma mezcla de sospecha y reproche: “los jóvenes de hoy no son como nosotros”. Cambian los nombres de las generaciones; la frase es la misma.
Cada cohorte, al llegar, fue acusada de blanda, desinteresada o malcriada por la anterior. Y cada una, al envejecer en el sistema, terminó repitiendo la acusación hacia la siguiente.
Un marco para pensarlo: por qué pasa
- Es la lógica de la novatada. “Yo la sufrí, que la sufran ellos.” Los sacrificios que hicimos se vuelven el estándar que defendemos, porque admitir que no eran necesarios sería admitir que nos sacrificamos en vano.
- La crítica a los jóvenes casi nunca es sobre los jóvenes. Es la persona que ya está adentro defendiendo su propia manera de haber hecho las cosas, su esfuerzo, su identidad de alguien que “se lo ganó”.
- La memoria es corta y conveniente. Olvidamos que también fuimos la generación-problema. Y cada una está convencida de que su crítica sí es válida: “pero esta vez los jóvenes en serio son peores”.
Y aquí está la prueba de que no se trata de personas, sino de un mecanismo: puedes predecir el discurso por la silla, no por la persona. El millennial que odió que lo llamaran vago hoy llama vago al centennial. No porque sea un hipócrita: porque la silla que ahora ocupa produce esa mirada. Cambia la persona, deja la silla: el discurso se queda igual.
Y sí, nosotros también
Lo cómodo sería leer todo esto señalando a otros. Pero muchos de los que estamos adentro hoy —liderando, evaluando, contratando— somos esa generación, o compartimos su lugar. Cuando decimos “los de ahora no se comprometen”, vale la pena frenar y preguntarnos si estamos describiendo a alguien… o defendiéndonos a nosotros mismos.
Reconocerlo incomoda. Por eso vale la pena hacerlo.
Cómo se corta el ciclo
- Reconocer el patrón cuando aparece. Si lo que estás por decir sobre los más jóvenes es casi lo mismo que dijeron de ti, frena: probablemente sea la silla hablando, no un análisis.
- Preguntarte de qué lado viene el reproche. ¿Estoy describiendo a esta generación o defendiendo mis propios sacrificios?
- Cambiar el juicio por curiosidad. Donde decimos “no quieren X”, casi siempre hay un “quieren algo distinto” o un “están respondiendo a un mundo distinto”. Eso se entiende preguntando, no etiquetando.
- Recordar que ninguna generación es peor. Cada una responde al mundo que le entregamos. Si algo no nos gusta de cómo llegan, conviene mirar también qué les dimos.
Y aquí está la oportunidad, casi poética: los millennials son, justamente, la generación mejor preparada para cortar el ciclo. Porque se acuerdan de cómo se sentía estar del otro lado. Saben lo injusto que era que los midieran por un estereotipo. Ninguna generación anterior tuvo tan fresca esa memoria. Pueden ser los primeros en mirar a los que vienen y decidir, conscientemente, no repetir la historia. La pregunta es si van a usar ese recuerdo para entender… o para repetirla.
En el último artículo: qué podemos hacer, en concreto, los que estamos dentro de las organizaciones para dejar de heredar un modelo que ya no funciona.
Laura Puñales
Responsable de Desarrollo y Transformación de Empresas
Directora CESA MS