Es el diagnóstico más repetido de todos. “Acá hay un problema de comunicación.” Lo decimos en las reuniones, lo escribimos en las encuestas de clima, lo señalamos cada vez que algo falla. Y nos quedamos tranquilos, como si hubiéramos encontrado la causa.
Pero me pregunto: ¿a qué le llamamos, en realidad, problema de comunicación?
Porque la mayoría de las veces, cuando abrimos esa caja, adentro no hay un problema de comunicación. Hay otra cosa.
A veces lo que hay es falta de confianza: la información existe, circula, pero nadie se anima a decir lo que de verdad piensa. No es que no se comunican. Es que no es seguro hacerlo.
A veces lo que hay es falta de claridad: nadie sabe bien quién decide, quién hace, hacia dónde vamos. Y entonces se habla mucho, pero sobre arena.
A veces lo que hay es un conflicto que nadie quiere nombrar: dos áreas que compiten, dos jefes que no se hablan, una decisión que se evita. Y le decimos “problema de comunicación” porque es más cómodo que decir la verdad.
Y a veces, sencillamente, lo que hay son objetivos contradictorios. La gente se comunica perfecto: lo que pasa es que cada uno está remando para un lado distinto. Ningún correo, ninguna reunión, ninguna herramienta nueva va a alinear lo que el diseño dejó desalineado.
Y así, una y otra vez, tratamos el síntoma y dejamos intacta la verdadera causa.
Porque “problema de comunicación” es, muchas veces, el diagnóstico más cómodo que existe. No acusa a nadie. Suena técnico, neutral, solucionable con una herramienta o un taller. Y nos permite no mirar lo que de verdad está pasando debajo. Es la alfombra perfecta para esconder los problemas que no nos animamos a nombrar.
Mientras sigamos llamando “comunicación” a la desconfianza, al desorden, al conflicto evitado y a las prioridades cruzadas, vamos a seguir resolviendo el síntoma equivocado. Cambiando la herramienta, repitiendo el taller, mejorando el correo. Y preguntándonos, otra vez, por qué nada cambia.
Quizás el verdadero avance no sea comunicar mejor. Sea animarnos a nombrar bien lo que nos pasa, y tener el coraje de ir a la causa.
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Laura Puñales – Director de CESA MS