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Quienes deben realizar esta capacitación

Todos quieren transformarse. Pocos quieren atravesar la transformación.

Queremos los resultados del cambio, pero no su intemperie. El “después”, sin el “durante”. La foto de llegada, sin el desierto del medio.

Y entonces hablamos de reinvención como si fuera un evento inspirador. Una jornada, un taller, una frase linda en una lámina. Algo que sucede en una mañana y nos deja distintos para siempre.

Pero el cambio real no se parece a eso. Se parece más a un duelo. Porque para que algo nuevo nazca, primero hay que soltar algo que funcionó. Y soltar lo que funcionó —lo que nos trajo hasta acá, lo que nos dio identidad, prestigio, seguridad— duele. Cuesta. Da miedo.

Por eso no cambiamos. No por falta de información: las tenemos todas. No por falta de diagnóstico: sabemos perfectamente qué anda mal. No cambiamos porque cambiar tiene un costo, y preferimos no pagarlo.

Así que hacemos lo más humano de todo: buscamos la transformación que no incomode. La que no obligue a renunciar a nada. La indolora.

Y esa, justamente, es la única que no existe.

Toda transformación que vale la pena pide algo a cambio. Pide soltar una certeza, abandonar un privilegio, atravesar un tiempo de no saber. No hay reinvención gratis. Hay, apenas, la valentía de pagar el precio o la comodidad de seguir igual.

Quizás sea hora de dejar de buscar el cambio que no cuesta. Y de empezar a honrar el coraje de los que están dispuestos a pagarlo.

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