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El valor de la palabra – Serie Comunicación – Cap. 4

COMUNICAR ES REGALAR

Por qué el problema nunca fue la técnica

Capítulo 4 de 8

El valor de la palabra

La credibilidad no es una cualidad. Es un saldo.

 

Hay una pregunta que define la comunicación mucho más que cualquier técnica: cuando tú dices algo, ¿pasa?

No “¿suena bien?”. No “¿se entiende?”. ¿Pasa? ¿Se cumple? Cuando dices “lo tengo para el viernes”, ¿está el viernes? Cuando dices “te aviso”, ¿avisas? Cuando dices “esto queda entre nosotros”, ¿queda?

Porque comunicar no es lo que dices. Es la relación entre lo que dices y lo que después ocurre. Y esa relación tiene un nombre: el valor de tu palabra.

Tendemos a pensar la credibilidad como una cualidad, algo que se tiene o no se tiene, casi un rasgo de personalidad. No lo es. La credibilidad es un saldo. Es congruencia acumulada en el tiempo. Cada vez que lo que dijiste coincide con lo que hiciste, depositas. Cada vez que no, retiras. Y la gente —aunque no lleve la cuenta en voz alta— lleva la cuenta. Todos cargamos, de cada persona que conocemos, un balance silencioso de cuánto vale lo que dice.

Esto tiene una consecuencia que conviene asumir de frente: tu credibilidad no la decides tú. La decide tu historial en la cabeza del otro. Puedes ser sincerísimo hoy, pero si tu palabra no valió las últimas cinco veces, hoy tampoco va a valer. No porque mientas ahora, sino porque la confianza es memoria. Y la memoria no se borra con una buena frase.

Por eso ninguna técnica de comunicación funciona sobre una palabra devaluada. Puedes aprender a presentar de maravilla; si tu “sí” históricamente significó “tal vez”, tu maravilloso “sí” va a seguir significando “tal vez”. El mensaje no lo define el emisor en el momento. Lo define el historial que el receptor ya tiene cargado.

Y al revés: cuando tu palabra vale, casi no necesitas nada más. La persona cuyo “lo hago” siempre significó “lo hice” no necesita convencer a nadie. Dice tres palabras sin gracia y le creen, porque detrás de esas tres palabras hay años de coincidencia entre el decir y el hacer. Esa es la comunicación más poderosa que existe, y no tiene nada de técnica. Es pura congruencia.

Hay un costado pesado en esto. Significa que tu comunicación de hoy se está escribiendo con tus actos de hoy, pero recién se va a leer mañana. Lo que prometas ahora y cumplas hará que dentro de un año te crean. Lo que prometas ahora y dejes pasar te lo van a cobrar dentro de un año, cuando ya ni te acuerdes de haberlo dicho. La palabra tiene memoria larga.

De todo esto sale una práctica concreta, y es más exigente de lo que parece: di menos, y cumple más. Promete con cuidado, como quien firma. No regales “sí” para quedar bien en el momento, porque cada “sí” que no sostienes es un retiro de tu cuenta. Es preferible un “no puedo” honesto que un “sí” que se evapore: el “no” cuidado construye más confianza que el “sí” incumplido.

Cuida tu palabra como cuidas tu firma. Porque eso es, exactamente: tu firma.

 

Laura Puñales

Responsable de Desarrollo y Transformación de Empresas

Directora CESA MS

www.cesams.com

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