COMUNICAR ES REGALAR
Por qué el problema nunca fue la técnica
Capítulo 8 de 8
Nosotros lo construimos
La comunicación de tu empresa es, al final, la que hemos construido hasta hoy. Por eso la solución también es nuestra.
Hay un dato que se repite en casi todas las encuestas de clima laboral del mundo, sin importar el país, el rubro ni el tamaño de la empresa: cuando se les pregunta a las personas qué anda mal, dos respuestas se pelean siempre el primer puesto. La comunicación y la falta de liderazgo. Año tras año, empresa tras empresa, las mismas dos.
Que aparezcan juntas no es casualidad. Son la misma cosa mirada desde dos ángulos. El liderazgo es, en el fondo, un acto comunicacional: dar dirección, dar sentido, sostener la palabra, hacerse cargo de lo que se dice y de lo que se calla. Y la comunicación, hecha en serio, es un acto de liderazgo: alguien que asume la responsabilidad de que el mensaje llegue, de que la verdad circule, del clima que se genera al hablar. Donde falta una, falta la otra, porque son el mismo músculo.
Pero hay algo en estas encuestas que merece detenerse, y es casi un chiste si no fuera tan serio. Cuando la gente señala “aquí hay un problema de comunicación”, lo dice como quien señala el mal tiempo: con el dedo apuntando hacia afuera, hacia “ellos”, hacia “la empresa”, hacia “los de arriba”. Como si la comunicación fuera una entidad ajena que nos cae encima.
Y aquí está lo que casi nadie quiere ver: el que llena esa encuesta es parte de la comunicación que está criticando.
La comunicación de una empresa no la hace un departamento. No es el mailing de los lunes ni la pantalla del comedor. La comunicación de una organización es la suma de todas las conversaciones reales que ocurren adentro: cada feedback que se dio o se calló, cada promesa que se cumplió o se evaporó, cada silencio, cada “sí” liviano, cada verdad dicha a tiempo o pateada para adelante. Es decir: la hacemos todos, todo el tiempo, en cada intercambio. La calidad de comunicación de tu empresa es, literalmente, lo que construyeron entre todos, una conversación a la vez.
Lo cual significa que descalificar “la comunicación de aquí” desde afuera es una operación imposible. No estás afuera. Cuando dices “nadie se comunica bien en esta empresa”, estás incluido en ese “nadie”. Tus silencios cuentan. Tus promesas a medias cuentan. Las veces que no diste el feedback, que no dijiste lo que pensabas en la reunión y lo dijiste en el pasillo después, también cuentan. No somos jueces externos del clima. Somos el clima.
Pero —y este es el verdadero punto de toda la serie— eso, que al principio suena a mala noticia, es la mejor noticia posible. Porque si la mala comunicación fuera el clima, no habría nada que hacer: a esperar que escampe. Si en cambio la construimos nosotros, entonces está en nuestras manos. No en las de “la empresa”. En las tuyas, en las mías, en cada conversación concreta que tenemos hoy.
No hace falta una transformación organizacional para empezar. Hace falta algo mucho más chico y mucho más difícil: que la próxima vez que hables, tengas algo verdadero para decir, que tu palabra valga, que no calles por miedo, que pienses en quien te escucha y que revises para qué lo estás diciendo. Una conversación. Después otra. Eso es todo lo que hay, y es todo lo que hace falta.
La comunicación nunca fue un problema técnico que se arregla desde afuera. Fue, todo este tiempo, una actitud que nos hace responsables de lo que decimos, de lo que callamos y de a quién se lo decimos. La construimos nosotros. Y por eso, también, la solución es nuestra.
Laura Puñales
Responsable de Desarrollo y Transformación de Empresas
Directora CESA MS