fbpx
happy_clients_globalstock

Fruta en la oficina. App de meditación. Clases de yoga al mediodía. Día del bienestar. Charla motivacional con catering incluido.

Y lo llamamos “cuidar a las personas”.

Qué bien suena. Qué lindo se ve en las fotos.

Pero seamos honestos: muchas veces no estamos cuidando a nadie. Estamos maquillando. Poniéndole una sonrisa amable a un cansancio que produce el propio sistema, y celebrando el gesto como si fuera la solución.

Porque ofrecemos meditación para sostener jornadas que no se sostienen. Damos charlas de equilibrio en culturas que premian al que nunca se desconecta. Regalamos descanso los viernes, después de habérselo robado de lunes a jueves.

Y no es casual que la gente no lo viva como un beneficio, sino como un resarcimiento. Como una compensación por algo que primero se le quitó. Lo intuye, aunque no lo diga.

Tratamos el síntoma con todo cariño. Y dejamos la causa intacta.

La pregunta no es qué beneficio sumamos. Es otra: ¿por qué la gente necesita tanto recuperarse de su trabajo? ¿Qué tiene cómo, cuánto y para qué trabajamos, que después hay que reparar con una app?

El bienestar real no es un beneficio que se agrega al final. Es una consecuencia de cómo está diseñado el trabajo desde el principio. Una empresa no se vuelve sana poniendo fruta sobre una mesa enferma.

Y eso, otra vez, no es un problema de buenas intenciones. Es un trabajo de diseño. De mirar de frente lo que agota, en lugar de tapizarlo de beneficios.

Cuidar de verdad no es maquillar el desgaste. Es animarse a quitar lo que lo provoca.

Artículos relacionados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *